☑️ Adiós a los halógenos, el LED se impone en los hogares

Desde este mes de septiembre está prohibida la fabricación de focos halógenos, aunque todavía puede comercializarse el stock existente en las tiendas. Las bombillas halógenas que se usan en las viviendas han conseguido una prórroga de dos años, dejarán de fabricarse en 2018. En este tiempo, la Comisión Europea espera que la tecnología LED sustituya este sistema de iluminación por ser ineficiente y contaminante. Con el cambio de las lámparas halógenas a la tecnología LED se calcula un ahorro de 115 euros durante la vida del LED.

El objetivo de la Unión Europea es mejorar la eficiencia energética, apostando por una energía más sostenible y asequible. Con este fin, en 2012 prohibió la producción de las bombillas incandescentes, apostando por las bombillas de bajo consumo.

Las ventajas del LED compensan su precio

Las bombillas halógenas son de bajo consumo. Se caracterizan porque dan una luz más blanca y brillante, con un color cálido. El problema es que su duración es menor que el de otras bombillas de bajo consumo y, además, consumen más electricidad. En resumen, mejoran las prestaciones de las viejas bombillas incandescentes pero sus prestaciones están muy por debajo de las que ofrece la tecnología LED, por eso desaparecerán del mercado en los próximos años.

Las bombillas LED tienen una vida útil 50.000 horas, consumen menos que el resto de bombillas de bajo consumo y transforman casi toda la energía en luz, porque apenas emiten calor. Otra ventaja de estas bombillas es que el encendido es instantáneo, no como en las bombillas de bajo consumo que necesitan un tiempo hasta alcanzar su máxima potencia. Y no pierde capacidad lumínica con el paso del tiempo, ni se funde porque no tiene filamentos.

El único hándicap que tiene el LED es su precio, por ser más elevado que el resto de bombillas, aunque se ha reducido un 40% en los últimos años.

Cómo calcular el ahorro con las bombillas LED

Antes de plantearnos sustituir la iluminación de casa por LED conviene hacer algunos cálculos. Para saber el ahorro que podemos conseguir con las bombillas LED lo primero que debemos hacer es convertir los vatios de la bombilla en kilovatios dividiéndolo por 1.000. Por ejemplo, si hacemos el cálculo con un LED de 14 vatios serían 0,014 kw. Esta cantidad se multiplica por el total de horas que la bombilla está encendida al año y el resultado se multiplica por el precio que tiene el kwh. De este modo, sabremos el gasto que tiene una bombilla al cabo del año, multiplicado por el total de bombillas tenemos el gasto de luz total en casa

Si hacemos el mismo cálculo con las bombillas fluorescentes compactas, el gasto es más elevado, porque partimos de que la equivalencia en vatios es mayor para obtener la misma luz, por tanto, el consumo total será mayor.

En el caso de sustituir los focos halógenos por focos LED también conseguimos importantes ahorros porque los LED tienen la misma potencia que los focos halógenos consumiendo menos vatios. Un LED de 7 vatios equivale a una bombilla halógena de 50 vatios. A esto se suma que los focos LED no necesitan transformador, se conectan directamente a la red, por lo que ahorramos los 12 vatios del transformador.

Una iluminación para cada estancia

A pesar de que el ahorro que supone esta tecnología compensa el precio que tienen los LED, sustituir todas las bombillas de casa a la vez puede suponer un gran desembolso. La Guía de la iluminación residencial da las pautas del tipo de iluminación adecuado a cada estancia de la casa, en función de la actividad que se desarrolla, y puede servirnos para decidir qué bombillas sustituir.

Por ejemplo, en la cocina es mejor utilizar fluorescentes de bombillas de bajo consumo mientras que en los baños se deben cambiar los focos halógenos por LED. En el salón los LED de 7 vatios son una buena opción para la iluminación general igual que en los dormitorios donde se necesita una luz cálida.